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Espresso Tonic: ciencia, historia y arte detrás de una bebida que divide opiniones

1. Una bebida que provoca debate

El espresso tonic es una de esas creaciones que despiertan amor y escepticismo a partes iguales. Mientras algunos periodistas lo han tildado de “hipster”, “innecesariamente amargo” o “otra moda de barista”, la comunidad del café de especialidad lo celebra como una de las combinaciones más refrescantes, versátiles y sofisticadas del verano.

Porque si lo piensas, unir dos mundos de amargor elegante —el del café y el de la tónica— no es un error: es una conversación química y sensorial entre dos ingredientes complejos. Y cuando se hace bien, el resultado es una bebida vibrante, con textura, dulzor equilibrado y una efervescencia que despierta los sentidos.

2. De Suecia al mundo: el origen del espresso tonic

Aunque su invención exacta se debate, el espresso tonic se popularizó gracias a Anne Lunell y Charles Nystrand, de Koppi Coffee Roasters (Suecia), quienes comenzaron a servirlo en sus cafeterías a finales de los 2000. Rápidamente, baristas y entusiastas lo adoptaron en competencias y menús veraniegos. Desde entonces, ha viajado por el mundo bajo mil variaciones: desde versiones simples hasta cócteles complejos con infusiones, cítricos o especias.

La clave está en la armonía entre tres elementos:

  • Un espresso bien extraído, preferiblemente de tueste claro a medio.
  • Una tónica de calidad, con botánicos equilibrados y azúcar moderada.
  • Hielo en abundancia para conservar la textura y el contraste.

3. El punto de partida: una versión clásica

Comenzamos con la base:
Un espresso de origen único —brillante, dulce, con notas frutales— y una Fever Tree Indian Tonic Water bien fría.

El primer resultado es agradable, equilibrado. El amargor del café se suaviza gracias a la quinina, y los botánicos cítricos del agua tónica realzan los matices del espresso sin dominarlos. Sin embargo, detrás de ese equilibrio aparente surge una pregunta inevitable: odemos hacerlo aún mejor?

4. Creando la tónica desde cero

Inspirados por el trabajo del chef y científico Dave Arnold, autor de Liquid Intelligence, decidimos elaborar un sirope de tónica artesanal desde sus fundamentos.

El proceso inicia con la corteza de quina (Chinchona bark), fuente natural de quinina:

  1. Molimos 10 g de corteza hasta obtener un polvo fino.
  2. Lo infusionamos en 375 g de agua, hervimos 5 minutos y filtramos.
  3. Combinamos el líquido con 375 g de azúcar, creando un jarabe aromático, amargo y ligeramente terroso.

Este concentrado, libre de aditivos industriales, conserva una nota cálida, herbal y más compleja que cualquier tónica embotellada.

5. Comparando lo casero con lo comercial

A simple vista, el sirope casero tiene un tono más ámbar. Al gusto, se percibe:

  • Menor dulzor que la tónica industrial.
  • Acidez más viva gracias al uso de ácidos cítrico y málico (principales componentes del jugo de lima).
  • Un final más profundo, con notas de madera y quinina natural.

Esa diferencia revela un principio clave: la tónica perfecta no es necesariamente más dulce, sino más balanceada.

6. El arte del equilibrio: acidez, azúcar y botánicos

La acidez define el carácter del espresso tonic. En nuestra versión inicial, el perfil era demasiado ácido —como si hubiéramos añadido jugo de lima—, así que ajustamos:

  • Reducimos la acidez total a la mitad.
  • Aumentamos el jarabe en un 20% para realzar el cuerpo.
  • Incorporamos zestas frescas de naranja y limón durante la infusión, aportando brillo y aroma.

El resultado: una tónica más redonda, con dulzor sutil, menos agresiva, y un fondo cítrico equilibrado que potencia las notas del café sin ocultarlas.

7. La ciencia detrás de la burbuja perfecta

El siguiente desafío fue la carbonatación. Las bebidas gaseosas pierden burbujas cuando hay partículas en suspensión o hielo, que actúan como puntos de nucleación. Por eso filtramos el espresso a través de papel (como un V60) antes de mezclarlo, eliminando sedimentos y aceites que rompen el CO₂.

Luego, combinamos el café filtrado, sirope de tónica, una pizca de sal y una pequeña dosis de ácido, y lo carbonatamos directamente con CO₂ a baja temperatura. El resultado: una efervescencia intensa y estable, sin necesidad de hielo.

8. El resultado: una nueva experiencia sensorial

Servido en una copa helada, el espresso tonic artesanal tiene una textura densa, brillante y burbujeante. El primer sorbo revela:

  • Dulzor controlado,
  • Toque cítrico natural,
  • Amargor elegante,
  • Y una sorprendente sensación de limpieza.

Es refrescante, sofisticado y adictivo. A medida que se calienta, emergen notas de vainilla, cacao y frutas dulces, dependiendo del café utilizado.

9. Personaliza tu espresso tonic

Esta bebida es un lienzo abierto a la creatividad.

  • Para cafés de origen ecuatoriano, con tonos de chocolate y melocotón, van bien cítricos suaves como naranja o bergamota.
  • Para cafés kenianos, vibrantes y ácidos, puedes añadir lemongrass, pomelo o pimienta rosa.
  • Para mezclas brasileñas, prueba con jengibre o canela.

Cada origen responde distinto al equilibrio entre acidez, amargor y dulzor, lo que convierte esta receta en una exploración sensorial continua.

10. Conclusión: innovación, equilibrio y placer

El espresso tonic es más que una moda. Es una muestra de cómo la innovación puede surgir de la curiosidad, el análisis y el respeto por los ingredientes. Desde un humilde espresso y un poco de quina, nace una bebida que combina ciencia, arte y placer.

Hacer tu propia tónica te permite comprender la estructura de los sabores y adaptar la experiencia a tu propio café. Y aunque no hace falta carbonatar en laboratorio ni medir ácidos al milígramo, sí vale la pena entender el porqué detrás del sabor.

Así que, la próxima vez que te sirvas un espresso tonic, recuerda: no estás solo preparando una bebida. Estás creando una conversación entre el café y el mundo botánico. Un diálogo chispeante, aromático y profundamente delicioso.